Comunícate con nosotros
Comunícate con nosotros
Declaración de Renta Personas Naturales
Actualidad
Adaptación sobre aceleración: La economía Global en 2026

Adaptación sobre aceleración: La economía Global en 2026

Bienvenido/a a las perspectivas económicas mundiales de Dun & Bradstreet para 2026. Las empresas comienzan este año navegando por un mundo definido por la volatilidad económica, las tensiones geopolíticas y los patrones comerciales cambiantes. El entorno operativo actual exige agilidad, previsión estratégica y ejecución disciplinada.

 

Se prevé que el PIB mundial crecerá a un ritmo moderado del 2,6% al 3,0%, una trayectoria que refleja factores estructurales adversos (envejecimiento poblacional, exigencias climáticas y reajuste geopolítico), más que un impulso cíclico. La inflación está disminuyendo, pero se mantiene por encima de los niveles previos a la pandemia, mientras que los tipos de interés se mantendrán «elevados durante más tiempo», lo que refuerza una realidad del coste del capital que da prioridad a la eficiencia y la resiliencia.

 

Las políticas proporcionarán un alivio limitado. Se prevé que los bancos centrales favorezcan una flexibilización cautelosa y basada en datos frente a recortes agresivos. El apoyo fiscal será específico y se centrará en las infraestructuras, la transición ecológica y la digitalización, en lugar de en un estímulo general. Las empresas no deben esperar que las políticas les hagan el trabajo duro, pues la ventaja competitiva dependerá de la adaptabilidad y la innovación.

 

Este será un año de transición, no de aceleración. El crecimiento será modesto, la inflación se desacelerará gradualmente y el apoyo normativo seguirá siendo limitado. Las empresas que fortalezcan sus balances, incorporen flexibilidad y se posicionen en favor de las tendencias estructurales obtendrán mejores resultados en una economía mundial con menor crecimiento y mayor riesgo.

 

Para los líderes empresariales, la prioridad es clara: la adaptación definirá el éxito, no la aceleración.

 

Puntos clave


Convertir la gestión del riesgo geopolítico en una prioridad estratégica


La geopolítica seguirá siendo un factor de riesgo determinante. El conflicto actual entre Rusia y Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y las crecientes operaciones de Estados Unidos en lugares como Venezuela, Nigeria y Groenlandia, están intensificando la incertidumbre sistémica, además de perturbando los mercados energéticos y modificando las cadenas de suministro. El nacionalismo de los recursos y la competencia estratégica por las tierras raras han pasado de ser preocupaciones abstractas a condicionar las operaciones diarias. Los líderes empresariales deben integrar el riesgo geopolítico en la planificación, diversificar el abastecimiento y dotar de agilidad a las operaciones globales para evitar alteraciones graves.

 

Impulsar la disciplina de capital y la eficiencia operativa


Continúan las presiones sobre los costes, dado que se prevé que los tipos de interés se mantengan elevados y que la inflación se mantenga por encima de los niveles observados antes de la pandemia. Así, los líderes empresariales deben dar prioridad a la resiliencia financiera. Esto implica ajustar la asignación de capital, optimizar el fondo de maniobra y centrarse en inversiones de alto rendimiento. La eficiencia operativa será fundamental: estrategias de precios flexibles, optimización de procesos, aprovechamiento de la automatización e integración de controles de costes para proteger los márgenes en un entorno higher-for-longer, es decir, de tipos más altos durante más tiempo. Los consejos de administración deben anticiparse a unas condiciones de liquidez más restrictivas y dar prioridad a los proyectos con rendimientos claros y alineación estratégica.

 

Diseñar cadenas de suministro resilientes y diversificadas


La época del comercio sin restricciones, moldeado por los acuerdos de libre comercio, ha dado paso a un mayor avance hacia la regionalización y la deslocalización cercana. La fragmentación geopolítica y la incertidumbre arancelaria siguen desafiando los flujos comerciales mundiales. Los responsables de la toma de decisiones deben acelerar la diversificación de la cadena de suministro, invertir en estrategias de deslocalización cercana y utilizar análisis avanzados para obtener visibilidad en tiempo real. La resiliencia se ha convertido en el principio fundamental para seguir siendo competitivos. Las empresas que identifiquen los riesgos de forma proactiva y aseguren fuentes de abastecimiento alternativas estarán en mejor posición para afrontar las perturbaciones y mantener la continuidad.

 

Acelerar la transformación digital y la integración de los criterios ESG
La adopción tecnológica y la sostenibilidad son ahora las prioridades estratégicas fundamentales. Los líderes empresariales deben promover la transformación digital, incorporando la inteligencia artificial, la automatización y la ciberseguridad en las operaciones para impulsar la productividad y proteger los activos. La adopción de la IA se está convirtiendo en un motor visible de optimismo, especialmente en los sectores de la información y las comunicaciones. Los responsables de la toma de decisiones deben prepararse para aumentos incrementales de la productividad en lugar de para saltos transformadores, dando prioridad a la automatización. Al mismo tiempo, las iniciativas ESG exigen su incorporación en los modelos de negocio, no como ejercicios de compliance, sino como palancas de crecimiento.

 

Crear modelos de personal ágiles para el crecimiento futuro
Las presiones demográficas y la adopción tecnológica reestructurarán las estrategias de personal. Los consejos de administración deben invertir en el desarrollo de competencias, la captación de talento y la agilidad organizativa para adaptarse a la transición climática y a las prioridades digitales. En 2026, la planificación de personal se ha convertido en una función estratégica esencial para fomentar el crecimiento, y las empresas buscan cada vez más formas de mejorar las habilidades de sus empleados para que puedan mantenerse al día con el desarrollo tecnológico.

 

Panorama macroeconómico mundial


El exuberante repunte que muchos esperaban tras la pandemia de la Covid-19 ha dado paso a una realidad más moderada: el crecimiento en 2026 será constante, pero está lejos de ser espectacular. Nuestra previsión de referencia es que el PIB mundial crezca entre un 2,6% y un 3,0%, lo que indica continuidad, más que aceleración. Sin embargo, el crecimiento estable se verá condicionado por factores estructurales adversos (envejecimiento demográfico, exigencias climáticas y fragmentación geopolítica) que redefinirán lo que tanto las empresas como los responsables políticos consideran «normal».

 

La narrativa económica mundial está cada vez más determinada por presiones a largo plazo que por ciclos a corto plazo. El crecimiento de la productividad sigue siendo moderado y el lastre demográfico en las economías avanzadas se está acelerando a medida que se reduce la población activa y aumenta la tasa de dependencia. Los mercados emergentes, que en su día fueron los motores de la expansión mundial, se enfrentan ahora a sus propias limitaciones: condiciones de financiación externa más estrictas, vulnerabilidad climática y volatilidad política. En este contexto, las empresas deben recalibrar sus expectativas, no para conseguir un repunte rápido, sino para ver un período prolongado de crecimiento moderado salpicado por la probabilidad de perturbaciones esporádicas.

 

Presiones inflacionistas persistentes pese a la moderación


La inflación seguirá retrocediendo lentamente en 2026, pero el camino será irregular e incompleto. La tasa de inflación general está disminuyendo gracias a la bajada de los precios de los productos básicos y a la resolución gradual de los cuellos de botella en logística. Sin embargo, en el fondo, la inflación subyacente aún persiste, impulsada por un mercado laboral rígido, la rigidez salarial en los servicios y el aumento de los costes de la transición energética. El sueño de volver a los niveles ultrabajos de inflación de principios de la década de 2010 se está desvaneciendo. En su lugar, las empresas deben prepararse para competir cada vez más por el poder de fijación de precios mientras mantienen la contabilidad de costes como imperativo estratégico. A pesar de la moderación de la inflación de los bienes, los costes energéticos y logísticos seguirán ejerciendo presión sobre los márgenes, lo que obligará a las empresas a replantearse su eficiencia y resiliencia.

 

Entorno normativo restringido


La cautela caracterizará la política fiscal en 2026. La elevada deuda pública, el envejecimiento de la población y los compromisos climáticos dejan poco margen para un estímulo generalizado. En su lugar, los gobiernos se centrarán en inversiones enfocadas a infraestructura, la transición ecológica y la digitalización mientras recortan los déficits siempre que sea posible. Para las empresas, esto significa operar en un entorno en el que la liquidez es más escasa, los costes de endeudamiento siguen siendo elevados y el apoyo normativo es selectivo en lugar de generalizado. Al no disponer ya de capital barato, las empresas deben adaptarse a un mundo en el que la disciplina financiera y la claridad estratégica son más importantes que nunca.

 

Variaciones en tipos oficiales por parte de los bancos centrales

 

Las autoridades monetarias también se ven limitadas. Tras haber combatido la inflación con medidas agresivas de endurecimiento, los bancos centrales se enfrentan ahora a un equilibrio delicado y es probable que adopten una postura de «pausa y evaluación». Aunque los recortes graduales de los tipos son posibles, es improbable que se produzca una flexibilización drástica. Los riesgos al alza, desde la rigidez salarial hasta las crisis geopolíticas, mantendrán en vilo a los responsables de las políticas. Prevemos una flexibilización significativamente menor de los tipos oficiales por parte de los principales bancos centrales en 2026, en comparación con los recortes relativamente agresivos observados en los dos últimos años.

 

Geopolítica: Focos de tensión que dan forma a la economía


La economía mundial no existe de forma aislada: la geopolítica la afecta y la moldea. Gran parte de la volatilidad de este año estará determinada por el conflicto entre Rusia y Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y el nacionalismo de los recursos, con Estados Unidos como actor clave en este último. Las nuevas sanciones de Washington a Venezuela y las acciones militares en aguas venezolanas culminaron con la captura del presidente Nicolás Maduro, que se encuentra a la espera de juicio, acusado de tráfico de drogas. Estos acontecimientos han reavivado las tensiones en los mercados energéticos mundiales, amenazando la estabilidad de la cadena de suministro e inyectando nueva incertidumbre en los precios del petróleo.

 

En Nigeria, la cooperación de Estados Unidos en materia de seguridad y los programas de inversión condicionada destinados a estabilizar el delta del Níger han tenido consecuencias imprevistas que han amplificado las fricciones políticas internas y complicado las exportaciones de energía de uno de los mayores productores de África. Estas condiciones han dado lugar a un aumento de las primas de riesgo para los inversores y a una confianza frágil en todo el África subsahariana.

 

Mientras tanto, Groenlandia se ha convertido en un peón en el tablero geopolítico, y los esfuerzos de Estados Unidos por asegurarse el acceso a minerales raros y a las rutas marítimas del Ártico han desencadenado la respuesta de otras grandes potencias. Esta lucha por los recursos estratégicos está remodelando las cadenas de suministro mundiales e intensificando la fragmentación normativa, señal de una nueva era para la geopolítica de los recursos en la que chocan los intereses económicos y de seguridad.

 

Estos acontecimientos ponen de relieve una verdad fundamental: Las acciones de EE. UU., aunque a menudo tienen como objetivo reforzar la dominación estratégica, están amplificando la incertidumbre sistémica. En 2026 la geopolítica es un tema central que da forma a la planificación de la cadena de suministro, a las decisiones de inversión y a la gestión de riesgos. Las empresas que no integren el riesgo geopolítico en sus modelos operativos corren el riesgo de verse sorprendidas por perturbaciones originadas mucho más allá de sus mercados inmediatos.

 

Comercio: más lento, fragmentado y regionalizado


El comercio mundial crecerá en 2026, pero a un ritmo muy inferior al histórico. Aunque la estabilización cíclica ofrece un cierto repunte, las fuerzas estructurales (la regionalización de las cadenas de suministro, los cambios en la política industrial y la fragmentación normativa) están remodelando la globalización. En 2026, la autosuficiencia, a través de una menor dependencia de socios externos y la deslocalización cercana, cobrará cada vez más importancia, especialmente en sectores vinculados a la tecnología y los minerales críticos.

 

Sin embargo, el informe de Dun & Bradstreet sobre las Perspectivas de Optimismo Empresarial Global (GBOI) del primer trimestre de 2026 ofrece otro enfoque de optimismo cauteloso: la transparencia en las políticas relacionadas con los aranceles está aumentando la confianza externa, y las empresas muestran un mayor optimismo en cuanto a los pedidos de exportación y a la fluidez de las operaciones de suministro. Esta mejora se hace más visible en sectores como el de la automoción, los bienes de capital, la hostelería y el comercio minorista, que se vieron muy afectados por la incertidumbre comercial en trimestres anteriores. Gracias al regreso de los viajes internacionales, el viento sopla claramente a favor de los sectores orientados al consumidor, lo que aumenta el optimismo en cuanto a las ventas y las exportaciones, a pesar de la desigualdad en la demanda interna. La logística y el abastecimiento también se están beneficiando de la reducción de las disrupciones en las rutas comerciales, lo cual favorece los márgenes y refuerza la planificación del flujo de caja.

 

Aun así, los riesgos persisten. Las empresas dependientes de tierras raras siguen enfrentándose a restricciones a la exportación intermitentes que destacan la fragilidad de la continuidad de la cadena de suministro. Para las empresas esto significa que, aunque los canales externos se están consolidando, las limitaciones geopolíticas y de recursos siguen exigiendo la diversificación y la planificación de contingencias.

 

El éxito dependerá de los centros regionales, la resiliencia logística y la agilidad en el compliance. La globalización no está desapareciendo: se está remodelando, pero las empresas deben adaptarse a sus nuevas formas. Los acuerdos comerciales considerarán cada vez más las cuestiones de seguridad, y la divergencia normativa provocará un aumento los costes de compliance. Las empresas que anticipen estos cambios e incorporen flexibilidad en sus estrategias de abastecimiento superarán a aquellas que se aferren a modelos obsoletos de integración global.

 

La inversión antepondrá la selectividad a la magnitud


El clima de inversión seguirá siendo cauteloso, pero los resultados del informe GBOI para el primer trimestre de 2026 revelan un panorama matizado, ya que las empresas afirman sentirse más cómodas con las reservas de efectivo y prefieren financiar internamente los nuevos gastos de capital. Esta preferencia refleja tanto el riesgo de refinanciación persistente como el deseo de preservar la flexibilidad ante la incertidumbre de la demanda. En los casos en que se invierte, la sostenibilidad y la innovación en productos y servicios son las prioridades dominantes, y la inteligencia artificial se perfila como un claro motor de optimismo.

 

La incertidumbre global (en descenso, pero aún elevada) sobre la política económica, la resiliencia de la cadena de suministro y la fragmentación comercial empujará a las empresas hacia la optimización de costes y la eficiencia operativa, en lugar de hacia gastos de capital atrevidos. Sin embargo, habrá aspectos positivos: los sectores relacionados con la tecnología, la automatización y el clima atraerán capital, ya que las empresas buscarán ganancias de productividad y alineación normativa.

 

Las condiciones crediticias seguirán siendo estrictas, lo que reforzará las tasas críticas de rentabilidad exigidas para los proyectos. En este entorno, las empresas deben dar prioridad a la claridad estratégica y a los retornos medibles, canalizando los recursos hacia áreas que aporten resiliencia y ventajas a largo plazo. Ganará quien invierta en transformación digital, eficiencia impulsada por la IA e iniciativas de sostenibilidad, posicionándose a favor de los cambios estructurales en lugar de perseguir repuntes cíclicos.

 

Qué significa esto para las empresas


En 2026, la economía mundial no recompensará las estrategias pasivas. Las empresas deben pasar de esperar fuertes impulsos cíclicos favorables a prepararse para un crecimiento modesto y una mayor fricción. Este es el año para afianzar la resiliencia, perfeccionar la eficiencia y comprometer capital en cuestiones de crecimiento estructural que definirán la competitividad a largo plazo, como la transformación digital, la transición energética y la resiliencia de la cadena de suministro.

 

La encuesta GBOI del primer trimestre de 2026 esboza algunas ideas prácticas para las empresas: deben apostar por el crecimiento impulsado por las exportaciones, mejorando la capacidad, los planes de ventas y los calendarios de logística en los sectores en los que está aumentando el optimismo en materia exportadora, como el de la automoción, la hostelería, el comercio minorista, la industria alimentaria y el textil. A su vez, las empresas deben reforzar la contabilidad de costes, recalibrar el inventario cíclico y aprovechar los incentivos fiscales disponibles (especialmente en EE. UU.) para preservar el efectivo en economías con una actividad más débil de los pedidos nacionales.

 

El gasto de capital debe orientarse hacia la sostenibilidad y la innovación, viendo cómo se acelera la adopción de la IA en todos los sectores. Aunque la integración de los criterios ESG sigue siendo desigual a nivel mundial, las empresas de las economías avanzadas informan de una mayor alineación de la gobernanza, y las exigencias de trazabilidad, las ventajas de la financiación y la reputación de marca están cada vez más vinculadas a la adopción de los criterios ESG. Estos factores determinarán la ventaja competitiva a medida que se intensifiquen las presiones normativas y de los consumidores.

 

Sobre todo, hay que recalibrar las expectativas de crecimiento. Se debe contener el apalancamiento, mantener los balances positivos y orientar la expansión hacia sectores alineados con las tendencias a largo plazo, como la tecnología verde, la automatización y las infraestructuras digitales. Prepararse ahora para una economía mundial con un menor crecimiento, un mayor riesgo y en constante evolución estructural puede aportar más beneficios que esperar un repunte que quizá nunca termine de llegar.



Fuente:
empresaactual.com

AIPSN está presta a brindar asesoría y acompañamiento en este tema.

Algunos de nuestros clientes
NUESTROS SECTORES EMPRESARIALES
Médicos, Ferreteros, Ganadero, Medical service, Dictámenes periciales, Asesoría y auditoría en transacciones internacionales.

© Asesoría integral para su negocio 2014 - 2026 | Todos los derechos reservados | Circular 34 A # 39B - 147 Of. 101 |  Sector Laurles |  Teléfono: 604 448 2057 - 310 507 5121 | Correo electrónico: gerencia@aipsn.com | Servicios: Contadores públicos, revisoría fiscal, auditoría, NIIF, IFRS | Medellín - Colombia - Sur América | Diseño y desarrollo: 

Titulo..

Mensaje..

×